La historia de Máximo García recorrió las redes en las últimas horas luego haber tomado trascendencia a partir de su publicación en un medio nacional, donde sacaron a la luz las acciones solidarias del joven, quien reparte unos 150 kilos de pan por día para darle una mano a los más golpeados por la cuarentena.

La nota escrita fue escrita por el periodista Julio Rodríguez, corresponsal en la provincia del diario Clarín, donde se publicó la historia como parte de la sección “Héroes anónimos”, bajo el título Coronavirus en Argentina: por día, regala 150 kilos de pan a sus vecinos más necesitados”, que compartimos a continuación:

Todos los días, desde que arrancó la cuarentena por el coronavirus, más de 100 personas hacen la cola. Esperan para recibir, gratis, su kilo de pan que ayude un poco a aliviar a los bolsillos de los vecinos humildes. Máximo, el dueño de este negocio de Santiago del Estero, los atiende amablemente, los hace formar fila y hasta les pide que sólo lleven “un kilo por familia, así podemos favorecer a más gente”.

La fila en la despensa de Máximo García, que cada día regala 150 kilos de pan a los más necesitados.
“Le quiero devolver a la gente lo mucho que tengo”, dice Máximo García, el dueño del negocio. El joven tiene 29 años y una historia de sacrificio. Arrancó de chico trabajando porque veía que a sus padres les costaba mucho mantener a los siete hermanos. A los 23 puso un quiosco, que luego se convirtió en despensa; más tarde le sumó otros productos y se convirtió casi en un autoservicio. Hasta que conoció “a una persona e hicimos una sociedad. Esa persona me estafó con cheques y me fundí”, cuenta.

Tenía que pagar las cuentas, pero no había dinero, ni negocio, ni nada. Empezó a traer maní de Córdoba y lo vendía en la calle; “Anexé golosinas, snacks y frutos secos. Puse de nuevo el negocio, con comestibles y bebidas, y fui saliendo de nuevo. Dios ha me ha dado la posibilidad de volver a tener lo que tengo. De poder levantarme”, dice.

Máximo es soltero, tiene seis hermanos (a tres de ellos ayuda económicamente para que sigan estudiando), estudia abogacía y su mamá falleció hace tres años. Cuando arrancó la cuarentena, a Máximo se le ocurrió ayudar a la gente de su barrio, en el sur de la ciudad, muy humilde, el Almirante Brown. Percibió que a raíz de la pandemia, muchos trabajadores independientes pasaban necesidades.

Hoy, reparte unos 150 kilos de pan entre sus vecinos. Es un kilo por familia, para que la ayuda llegue a más gente, cuenta Máximo a Clarín. “Está difícil la cosa. Hoy (por el jueves de la semana pasada) vamos entregando 120 kilos y cada vez viene más gente. Ahora hemos implementado otra forma de repartir: pedimos el DNI y vamos viendo en la fila que no sean de la misma familia, porque capaz que alguien que necesita se queda sin pan. Estamos puliendo esos aspectos y la gente reacciona bien”.

“Nosotros somos siete hermanos, mi mamá era trabajadora independiente y mi papá fabrica juegos de living. En pleno corralito hemos sufrido muchas necesidades. A mi madre no le alcanzaba la plata para cocinar. Por eso traté de independizarme y no ser una carga para ellos. Después tuve la posibilidad de ayudarla y ahora estoy a cargo de un hermano y dos hermanas. El varón tiene 24, me ayuda en el negocio y mis hermanas estudian el profesorado de Psicología”, relata.

El joven es muy querido y conocido en el barrio. De hecho, en las redes sociales muchos le agradecen su sensibilidad y solidaridad. Si bien no es panadero, hizo un acuerdo con “amigos panaderos”: les provee la harina y la levadura y a cambio recibe el pan para repartir entre los vecinos. “Son amigos de años”, agrega.

Regala 150 kilos de pan por día a sus vecinos más necesitados