La teta no tiene la culpa. Por Silvia Risko

Qué fácil es desviar la atención de lo verdaderamente importante. Qué fácil es, a través de la demagogia y doble moral, abordar temas graves que incomodan. Qué fácil es prenderse de ellos para hacer circo o dar soluciones “oportunas” para calmar a la opinión pública. Lo fácil nunca resolvió los problemas de fondo.

El sistema político se desgarra las vestiduras ante las imágenes de un video donde un diputado de la nación franelea y besa las tetas de su compañera ¡My god! Qué horror! Quémenlo en la hoguera como falso profeta de la pulcritud moral! Si no renuncia lo expulsamos!! Hasta se llegó a afirmar que, con su actitud, este diputado desprestigiaba la clase política.

Todo queda reducido a un par de tetas, como si eso fuera el único problema.

No, lo que sucedió es sólo la punta del iceberg que salió a la luz pública, lo que no pudieron evitar que se sepa, lo que -gracias a San Zoom- quedó explícitamente expuesto: la poca o nula importancia que tiene, a la hora de elegir los candidatos que nos representarán, sus verdaderos valores, conducta y compromiso social.

Esto no es patrimonio de un solo sector o partido político, es el sistema político en general. El “saltar por alto” conductas consideradas usuales entre los machos es algo con lo que convivimos todos los días.

Hizo falta que San Zoom haga su magia para que se dieran por enterados de las graves denuncias -judiciales y extrajudiciales- por abuso sexual, violencia y acoso que organizaciones feministas hicieron oportunamente ante la designación de Ameri como candidato a diputado de la nación. Nadie, ni siquiera la oposición, se hizo eco de ellas. Las ignoraron y descalificaron. ¿Mentían? ¿Exageraban? Ninguna de las dos opciones, era la verdad pero a nadie importó.

Tener un Estado con políticas sólidas contra la violencia de género, con formación y capacitación en perspectiva de género es, desde mi humilde entender, lo único que obligará el cambio de practicas culturales machistas que tanto daño provocan a nuestra sociedad. El Estado es el único y gran ordenador social.

Para que esto suceda no sólo es necesario que exista voluntad sino que es indispensable que haya decisión política. Para acceder a un cargo, de cualquiera de los tres poderes, se nos exige no contar con antecedentes penales y tener buena conducta, es hora de incluir antecedentes de violencia de género, o acaso no coincidimos todxs que es un delito grave?

Nadie está a favor de una caza de brujas, ni de dar lugar a desvíos de atención por falsas denuncias, nada de eso. Por el contrario, es obligar a que se tomen en serio e investiguen las denuncias previas, no esperar a que explote la verdad para tomar decisiones y mucho menos avalar con el silencio conductas reprochables, como el abuso de poder, acosos sexuales, violaciones y violencia.

La no-justicia que impera a la hora de elegir a lxs representantes del pueblo ha quedado una vez más al descubierto.

Hizo falta que un hombre -denunciado por abuso, acoso y violencia- cometa un error “moralista” en vivo y en directo para que se haga justicia y acceda a una banca una mujer idónea, preparada y feminista.