El viento es un omnipresente en la Patagonia argentina. Cuando uno recorre estos paisajes de horizonte infinito, se puede ver como las ráfagas fuerzan a los árboles a defenderse, creciendo de costado, como si alguien los hubiera peinado; como si fuesen banderas flameando. Pero es este mismo viento que me reveló alguna vez que en la Patagonia argentina existe un valle que se transforma en mar de colores cada primavera. Está en la localidad de Trevelin, donde un floricultor dedicó su vida a los tulipanes.
Juan Carlos Ledesma trabaja desde hace 35 años para desarrollar Plantas del Sur, una chacra a 12 kilómetros del pueblo fundado por colonos galeses a fines del siglo XIX. Planta tulipanes para producir bulbos, que comercializa en el país y en todo el mundo, en contra estación de Holanda, el mayor productor del planeta.
Cada año en octubre abre las tranqueras de sus tierras para que la gente disfrute de su plantación de tulipanes en flor. Las manchas de colores son formadas por 27 variedades que se distribuyen en hileras de 400 metros, ordenadas por tono que dibujan un gran arco iris de flores. Cuando sopla el viento produce una ondulación como si fuera un suave oleaje sobre un mar de colores.
Visita en tiempos de pandemia
Este año, la pandemia no nos permite disfrutar de este espectáculo. La naturaleza guarda por si sola esta maravillosa floración, ajena a lo que le ocurre a la humanidad. Será tal vez para avisarnos que le mundo sigue girando y que la belleza de los paisajes nos aguarda para cuando se pueda viajar nuevamente hacia estas comarcas.
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Los vecinos de Trevelin y de la localidad vecina de Esquel son los únicos que están habilitados para las vistas este año. Tienen que respetar protocolos que, por ser un emprendimiento rural en medio de los campos, son sencillos de cumplir: manos limpias, alcohol en gel, tapaboca y distancia de dos metros entre cada uno. Ledesma preparó una parcela lindante a las plantaciones donde los visitantes pueden acomodarse con sus lonas o reposeras para pasar un momento inolvidable.
La apertura oficial de la temporada de tulipanes fue el sábado 3 de octubre y se transmitió en vivo a través de la fanpage de Tulipanes Patagonia. Desde esa fecha, Juan Carlos Ledesma filma cada día la apertura de un tulipán. Cada variedad, cada color, tiene su momento de floración, hasta la primera semana de noviembre cuando se cierra el ciclo.
Una experiencia slow
Para muchos visitantes, la contemplación de flores es una propuesta de slow-turismo. Antes de la pandemia, la gente se acercaba al lugar para practicar yoga al aire libre o para pintar cuadros. El año pasado, Turismo de Bolsillo pudo recorrer este mar de colores que se une en el horizonte con el cielo turquesa y la cordillera de los Andes con sus picos nevados. Uno piensa que va a ir sólo para un ratito pero, el paisaje ejerce la fuerza de un imán y la visita no termina y a veces se extiende hasta la noche para ver los campos de tulipanes bajo la luz de la luna llena.
De todos los colores
No todos los tulipanes son iguales. Algunos son enormes, tupidos y de color amarillo. Es la variedad Montecarlo, la única que despide un suave perfume. Otros producen una flor más pequeña, de un color rosa suave con algunas manchitas blancas como si las hubieran pintado con acuarelas. Se llama Angelique, las preferidas de Juan Carlos Ledesma.

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