En la temporada más cruda de la sequía, justo antes del inicio de las lluvias, el Chaco salteño suele tejer los relatos más dramáticos sobre la falta de agua. Allí, cuando los calores de octubre y noviembre absorben el último aliento de las aguadas y madrejones que dejaron las últimas tormentas, la búsqueda del líquido vital se transforma en una frenética carrera. En ese juego que impone la naturaleza, el hombre es apenas otro competidor.

Así por ejemplo se puede ver a los vecinos de Los Blancos, en Rivadavia Banda Norte, procurarse diariamente la ración de agua para las familias y sus animales, bajo un sol inclemente que la semana pasada llegó a marcar temperaturas de 45 grados centígrados. En esa localidad, ubicada en el kilómetro 1.711 de la ruta nacional 81 y a 450 kilómetros de Salta capital, el agua es por estos días, y como todos los años, un serio motivo de preocupación por la vida.

El pozo de agua que abastece al poblado es demasiado salitrosa y pese a que en el lugar funciona una planta desalinizadora, a los propios pobladores se les hace difícil consumir el líquido que surge de las cañerías con alta salinidad y en ocasiones con una “consistencia viscosa” que hace imposible su consumo. “A veces ni los animales pueden tomar el agua” afirmaron los pobladores en contacto con El Tribuno.

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